Artur Agostinho de Abreu, responsable científico do Xeoparque de Aoruca (Portugal) impartiu o sábado en Ortigueira unha interesante charla sobre o que debe ser un xeoparque

Diputación y ayuntamientos recogen las aportaciones de la sociedad para el futuro geoparque

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email

Este domingo al mediodía finalizaron tres intensas jornadas de trabajo para continuar avanzando en el proyecto del Geoparque del Cabo Ortegal. La Diputación de A Coruña y los siete municipios implicados en la iniciativa organizaron conferencias especializadas, mesas de trabajo y visitas guiadas con la finalidad de ampliar el conocimiento sobre el gran valor geológico de la zona y formular propuestas para convertirlo en motor socioeconómico vinculado no sólo con el turismo general y especializado, sino también con la cultura y el patrimonio. Se trata, por lo tanto, de un proyecto “integral”, tal y como se repitió varias veces en estos tres últimos días, que busca aprovechar este potencial de forma sostenible, con la máxima participación social y, al fin y al cabo, obtener el preciado distintivo que otorga la UNESCO.

Fue Asier Hilario -director técnico del Geoparkea de la Costa Vasca y asesor desinteresado para el proyecto del Ortegal- quien dejó bien claro en las charlas del viernes en Cariño que todo geoparque debe sostenerse en tres pilares básicos: el patrimonio geológico, la naturaleza que se asienta sobre de él y todas las manifestaciones humanas que surgieron en ese territorio -cultura, tradición, las distintas maneras de aprovechar la tierra, etc.-, que le deben buena parte de lo que son a la manera en que el paisaje se fue modelando durante millones de años.

“Un geoparque es un territorio habitado donde la gente es la protagonista”, incidió Hilario para poner de relevancia el papel de la capa social en su funcionamiento. El experto añadió también que un geoparque “no es un parque temático” ni tampoco una marca que genere por sí misma normativa de protección que restrinja los usos del suelo, como sí ocurriría por ejemplo, con figuras como la Red Natura o un parque natural.

Los geoparques son, por lo tanto, figuras avaladas por la UNESCO que deben contar con un plan de trabajo coordinado para utilizar las peculiaridades geológicas como punto de partida sobre las que armar -y llevar a cabo- un programa de desarrollo local en toda regla.

Pero… ¿qué condiciones tiene el llamado “Complejo Geológico del Cabo Ortegal”?, ¿por qué es tan especial?, ¿qué tienen nuestras piedras para que valga la pena dedicarles tanto esfuerzo?. Estas preguntas las respondió el geólogo Francisco Canosa, quien lleva años estudiando la zona y también haciendo una intensa labor divulgativa sobre su riqueza geológica.

Canosa explicó que en la zona comprendida entre Ortigueira y el límite del Forgoselo hay identificados 52 lugares de interés geológico de los cuales al menos 5 tienen una relevancia internacional por ser únicos. Y es que, simplificando, en el Ortegal pueden observarse la simple vista rocas que habitualmente están a unos 70 kilómetros de profundidad, algo que ayuda a entender una parte importante del proceso de formación de nuestro planeta a lo largo de los últimos 4.600 millones de años, resultado de las grandes presiones y temperaturas que hay dentro de la Tierra y del constante movimiento y colisión de las placas tectónicas.

Aquí están “los mayores y mejores” afloramientos mundiales de eclogitas que son eso, rocas producidas por grandes presiones y altas temperaturas; existen playas con arenas negras de origen no volcánico y otras de color rojo por su riqueza en partículas de granate; también contamos con “espeleotemas”, que es la palabra técnica para definir acumulaciones de ciertos minerales dentro de cuevas o, como en el caso de Cerdido y Moeche, en el interior de antiguas minas de cobre; tenemos fallas que estuvieron muy activas hasta hace 20 millones de años “un tiempo muy reciente en términos geológicos”, según Canosa y, en definitiva, en poco más de 600 Km² de territorio asistimos a uno de los capítulos más apasionantes de la historia del planeta.

Contar esa historia o, mejor dicho, esas pequeñas historias es lo que pretenden los geoparques, figuras de la UNESCO que apoyan en el valor geológico el desarrollo de las comunidades donde se encuentran. De hecho, una de las condiciones para obtener el distintivo es contar con elementos singulares -y el Ortegal los tiene-, otro es la existencia de una estrategia para darlos a conocer con la implicación de la población local,  también hacen falta órganos de dirección y científicos y, el más importante, hay que ser capaces de mantener esa estrategia en el tiempo y cumpliendo los objetivos que se recogen en ella en cuanto a organización, funcionamiento, comunicación y participación social.

Las personas que se dedican a la geología saben desde hace medio siglo que el complejo del Cabo Ortegal es un sitio especial, pero fue de un tiempo a esta parte cuando se hizo un esfuerzo por acercarle ese conocimiento a un público más amplio y no especializado. Ahora el paso siguiente es proponer una candidatura sólida que alcance el reconocimiento de la UNESCO. Y eso exige trabajo más allá de tener identificados los recursos.

Aprender de otras experiencias
La jornada organizada este fin de semana por el área de Turismo de la Diputación de A Coruña cargó mucho las tintas en este apartado, en el de cómo avanzar en la preparación de la candidatura. Para eso invitó la tres responsables de otros tantos geoparques: Asier Hilario, director científico de el  Geoparkea vasco; Artur Agostinho de Abreu y Sá, uno de los promotores de el Geoparque de Arouca, en Portugal; y a Martín Alemparte, coordinador de el Geoparque de las Montañas del Courel, uno de los últimos en incorporarse la este selecto club internacional del que sólo forman parte 147 territorios en todo el mundo. Y lo de usar la palabra “club” tiene su fundamento, ya que los geoparques no van por libre, sino que, una vez certificados, tienen que trabajar de forma coordinada y en red, incluir una parte de programación científica y educativa, y superar estrictas evaluaciones cada cuatro años para verificar que las estrategias que merecieron el distintivo se están llevando a la práctica.

Aquí, en el caso del proyecto del Geoparque del Cabo Ortegal, se está en el momento previo a la elaboración del plan director y de la estrategia. La Diputación participa en la iniciativa con una inyección económica de 500.000 euros para acometer las primeras actuaciones, entre ellas la redacción del plan. Además, la I Jornada sobre el Proyecto de Geoparque del Cabo Ortegal de este fin de semana -en la que participaron representantes de medio ciento de entidades, empresas y particulares- también forma parte de los preparativos de la candidatura, concretamente del capítulo dedicado a la dinamización social, algo que los relatores calificaron como fundamental para la obtención del sello internacional.

“Todo el territorio es imprescindible, no hay una zona más importante que otra”, comentó Artur Agostinho de Abreu en su intervención. El experto explicó la gestación del geoparque portugués de Arouca como una iniciativa “inclusiva” donde fue prioritaria la participación local. “Los geoparques están hechos por personas para las personas, en un geoparque tiene que haber gente”. En este sentido,  el de Arouca está gestionado por una asociación que abarca un ámbito de 328 Km² de superficie (la mitad que el Ortegal) donde se estima un impacto económico anual de unos 15 millones de euros, que benefician a empresas organizadoras de visitas guiadas y actividades al aire libre, a la hostelería y a la venta de artesanía y productos de la tierra, entre otras. Sirva como ejemplo que un pequeño museo alojado en un antiguo galpón agrícola recibe cada año unos 30.000 visitantes en la búsqueda del fenómeno de las famosas “piedras parideiras”. El museo se encuentra en una aldea con sólo 7 habitantes que, además, son quienes guardan las instalaciones y atienden a excursionistas.

Buena parte del financiamiento para toda la infraestructura necesaria de este geoparque próximo a Oporto -instalaciones, señalización, acondicionamiento de itinerarios, miradores, etc.- se obtuvo mediante programas Interreg de la Unión Europea, puesto que la UNESCO otorga el distintivo pero no fondos, que salen de los organismos promotores o de su capacidad para atraer inversiones de otras administraciones, como ocurre en el caso del proyecto del Ortegal con la Diputación de A Coruña.

Algo parecido sucedió con el jovencísimo geoparque de las Montañas del Courel. Allí se empezó a trabajar ya en 2001 en la idea de poner en valor las formaciones geológicas y el  pasado minero como atractivos turísticos, destinando para eso fondos europeos PRODER y LEADER gestionados primero por el GDR Río Lor y luego por el GDR Ribeira Sacra-Courel, que engloba el área de Ribas de Sil, Quiroga y Folgoso do Courel.

La aparición de la figura internacional del geoparque auspiciada por la UNESCO les valió a los promotores para encajar en el proyecto todas aquellas actuaciones, que supusieron una inversión acumulada de unos 10 millones de euros durante los quince últimos años. Dinero europeo con el que se fueron construyendo miradores, señalizándose rutas, editando publicaciones, acondicionando espacios como centros de interpretación, etc..

Elementos todos ellos que apuntalaron un proyecto “que generó ilusión y que cuenta con el máximo apoyo social”, según mencionó Martín Alemparte. El coordinador de la iniciativa recordó, además, que preparar la candidatura tuvo uno coste aproximado de 35.000 euros y que la gestión se hace por el momento de forma compartida entre los tres municipios valiéndose de personal propio y del GDR -donde trabaja el propio Alemparte-, aunque ahora será necesario crear una estructura permanente y más o menos autónoma.

Uno de los espejos a los que se está mirando el proyecto del geoparque del Cabo Ortegal en cuanto al modelo de gestión es el Geoparkea de la Costa Vasca. Recibe alrededor de 150.000 personas cada año de las que unas 40.000 recorren las rutas diseñadas en compaña de guía especialista, además de programar actividades para alrededor de 15.000 escolares.   El Geoparkea se gestiona a través de la asociación GEOGARAPEN, en la que están representadas varias instituciones, aunque el peso lo llevan los tres ayuntamientos promotores: Deba, Zumaia y Mutriku. Asier Hilario, su director científico, aboga por estructuras gestoras que sean ágiles en su funcionamiento y que respondan la tres preguntas básicas “¿qué tenemos, cómo lo vamos a gestionar y quiénes vamos a participar en esta aventura?”. Según dijo Hilario “un geoparque tiene que generar condiciones para el desarrollo” y eso no significa necesariamente dotarse de una gran estructura organizativa. El Geoparkea apuesta por las visitas guiadas como su oferta estrella, sostenida por personas debidamente formadas pero que no trabajan en el organismo gestor del geoparque.

Un camino de al menos dos años
La UNESCO no otorga la distinción de Geoparque Global a partir de un programa escrito, sino que para presentar una candidatura hace falta llevar a cabo inversiones y actuaciones que, posteriormente, son verificadas por la organización dependiente de las Naciones Unidas. Es más, antes de llegar siquiera a la UNESCO es necesario que la candidatura pase por el filtro de el Comité Español de Geoparques, que sólo admite dos propuestas por año y siempre que los proyectos reunan suficientes condiciones de solvencia técnica. El técnico de Desarrollo local de San Sadurniño, Ignacio Fernández, -ponente también en la jornada-,  señaló que hace falta “planificar bien” y diseñar un “modelo sostenible y basado en el territorio que nos permita aprovechar lo que tenemos”, añadiendo que “son los ayuntamientos quienes deben liderar proyectos innovadores como este”.

Los ayuntamientos de San Sadurniño, Moeche, Cerdido, Valdoviño, Cedeira, Cariño y Ortigueira llevan tiempo intentando arrancar con el proyecto. En febrero de 2018, la Diputación de A Coruña y los siete municipios suscribieron un convenio con la finalidad de coordinar tanto la preparación de la candidatura como las actuaciones previstas en el territorio, que se financiarán con una aportación provincial de 500.000 euros.

La primera que se preveía llevar adelante era a licitación del Plan Director que reflejase toda la estrategia, con las miras puestas en poder presentársela a la UNESCO en este 2019. Sin embargo, a pesar del trabajo técnico desarrollado por el área de Turismo de la Diputación de A Coruña, ese paso inicial se encuentra en estos momentos a la espera de luz verde por parte de la Intervención provincial. Una cuestión de la que ya se habló en la reunión de municipios del mes pasado en Cerdido, donde Moeche asumió la presidencia rotatoria del grupo de trabajo.

La próxima asamblea de los agentes implicados en el proyecto tendrá lugar en Moeche este jueves a las 10.00 h.. En ella se abordarán modificaciones en la documentación para la presentación de la candidatura, se debatirá sobre el modelo de gestión y se comentarán las conclusiones recogidas en las mesas de trabajo celebradas el sábado por la tarde en Ortigueira.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email

Comentar